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La felicidad llega, liberando el destino familiar



La felicidad llega, liberando el destino familiar, siendo  conscientes de que la felicidad no depende de algo o de alguien.


A través de muchas generaciones, los antepasados creyeron que la unión y protección familiar era la base de la felicidad. Sin embargo, esto era solo una pequeña aproximación a la felicidad.


Por ello los seres humanos nos acostumbramos a enfocarnos en dichas creencias y en lo externo:



Esto nos ha conducido a no ser conscientes de nuestros verdaderos deseos y preguntarnos que queremos realmente y que no queremos.

Muchas veces hacemos cosas que no queremos para hacer felices a otros y literalmente nos sentimos culpables de manifestar lo que si queremos. De alguna manera es como si nos rechazáramos para poder complacer a otros.


Esto nos llevó a que durante muchos años llevemos cargas de auto-rechazo, enfocándonos en lo externo, más que en nosotros mismos, alejándonos de lo que realmente desea nuestro corazón. Nos alejamos de nuestra felicidad.


Crecimos sujetos a las leyes, mandatos, normas, códigos de los antepasados. Esto creo en nuestra mente humana una dependencia de creer que nuestra felicidad depende de algo externo.


En realidad, podemos ser felices, cuando nos liberamos de las creencias ancestrales heredadas de papá y mamá.


La felicidad es liberarnos del destino familiar


La felicidad es amarnos a nosotros mismos y eso incluye liberarnos del destino familiar. Nuestros antepasados crearon diversas formas de supervivencia, realidades que quedaron grabadas en la consciencia colectiva de la familia.


Y las personas cuando nacen, creen ciegamente que esa es su realidad y repiten precisamente esas realidades ficticias.


Las personas vivimos realidades ficticias, que creemos nos darán la felicidad.


Estas realidades ficticias fueron creadas como diversas formas de supervivencia, por nuestros antepasados a través del tiempo, por miles de generaciones que nos precedieron.


Cada generación fabricó, construyó leyes, formas de vida, códigos que fueron importantes para cada generación.


Muchas de estas antiguas formas de supervivencia siguen preservándose. Y están basadas en leyes inaplicables, obsoletas, algunas de ellas formas violentas como vivieron nuestros antepasados.


Lo ideal es soltar esas cadenas generacionales que condicionan y rigidizan la mente y que creemos que así se debe vivir la vida.


Buscamos la felicidad de acuerdo al destino familiar


Las personas construyen su ideal de felicidad, sobre la base de vivencias ancestrales y no en su verdadera esencia.


Por ello precisamente la gente no es feliz, porque vive una realidad, un sueño que fue creado por otro, no lo que realmente desea.


Hay personas que fundamentan su felicidad en la compañía de otra persona, pero como ha basado su realidad en las creencias ancestrales, atrae justamente las personas que según sus ancestros cree que deben ser la pareja ideal.


Otras personas creen que su felicidad depende del éxito, el dinero, las metas que logren, pero esto también está vinculado a las creencias que reposan en su mente subconsciente, de acuerdo con lo que vivieron sus padres.


La felicidad es el estado más alto de las emociones. Es un estado de plenitud, aceptación y regocijo con todo lo que existe y es.


Cuando logramos atravesar la autopista emocional de nuestras emociones, es decir cuando nos liberamos del miedo, la angustia, la ansiedad, la depresión, la tristeza, los estados intermedios como el optimismo, la esperanza, entre otras y observamos el mundo sin juicios, alcanzamos la felicidad.


¿Cómo alcanzar la felicidad?


Para alcanzar la felicidad es necesario, que nuestras emociones y pensamientos estén alineados.


Entonces debemos estar muy atentos a los pensamientos que nos lleguen. Si eso que nos llega es realmente lo que queremos o corresponde a una creencia o algo aprendido de nuestros ancestros.

Normalmente esto se puede identificar, simplemente sintiendo nuestro cuerpo, si hay paz o sentimos cierta resistencia.


Es importante darnos cuenta de lo que queremos y de lo que no queremos. Lo que no queremos, debemos reconocerlo y aceptarlo, para poder liberarlo. El aceptar eso que no queremos no significa que lo haremos, es observarlo.


Si observamos nuestros pensamientos en paz, sin engancharnos en la película mental que vemos ante nuestros ojos, nuestras emociones fluirán libremente, sin dar sobresaltos.


¿Por qué la gente cree que la felicidad depende de algo externo?


La gente cree que la felicidad depende de algo externo, porque eso es lo que observa en su mente.


La gente se engancha en la película mental, con lo que ve, observa y siente. Cree que esa es su propia realidad, cuando es la ficticia realidad que vivieron sus antepasados.


La mente es como un computador que guarda y registra los aprendizajes, códigos, registros de nuestras vivencias, ancestrales y los almacena sin discriminar entre bueno y malo.


La mente todo el tiempo envía impulsos eléctricos de lo que la persona tiene almacenado en su mente.


Esto lo hace a través de imágenes, sonidos, olores, sentimientos, que crean una realidad que la persona cree que dichas imágenes de la mente son reales, y que cree que necesita esto o aquello para sentirse plenamente.


Estos recuerdos genéticos guardados en la memoria subconsciente se manifiestan por las personas, de acuerdo a lo vivido por sus ancestros, antepasados, familias.


Algunas veces los sentirá como agradable, otras veces como desagradable. Todo está conectado al grado de emocionalidad que se haya vivido en el pasado.


Nuestras emociones corresponden a la energía corporal en movimiento. Si dicha energía se contuvo demasiado en el pasado, bien sea por el miedo o por situaciones agresivas en las familias, comunidades, organizaciones, esto será lo que se seguirá manifestando en la consciencia colectiva de la familia u organización.


Ocurre lo contrario, si esa energía ha fluido en el respectivo ambiente familiar, seguirá manifestando igual situación.


¿Cómo pueden fluir las emociones, para llegar a la felicidad?


La felicidad se logra cuando logramos alinear las emociones, el placer y los pensamientos.



La felicidad es poder contemplar el mundo serenamente, sin juicios, disfrutando de todo lo que observamos y hemos creado.